En la Lusitania, en la Pax Iulia, capital de un convento jurídico, actual Veia (Extremadura Lusa), en el Valle del Tajo, en una zona de gran fertilidad de tierras y dentro de las características del espacio mediterráneo (trilogía mediterránea), se encuentran algunos de los latifundios de la antigüedad más grandes conocidos en la Península Ibérica, en los que se desarrollan Villae que responden a las características vistas para estas edificaciones, más elementos destacados.
Un ejemplo es la Villa de Torre de Palma, que ha tenido una tradición latifundista que se ha mantenido hasta hoy en día. En los siglos XVIII-XIX, se crea cerca de la Villa Romana, un nuevo palacete que se corresponde al modelo creado en la antigüedad, también con proporciones inmensurables.
Villa de Frades, en San Cucufate (lámina 11). Hoy, en contra de lo que muestra la lámina, se encuentra excavada casi al completo. La lámina sólo representa la Pars Dominica, pero ya se ha descubierto toda la zona rústica, y el muro que aparece en la fotocopia a la derecha, sólo, se correspondería con la zona termal, hoy también descubierta. La zona absididada tendría una función religiosa y ante la fachada, se ha descubierto un gran estanque.
El tipo de paramento utilizado en la construcción del mismo, no es otro que el del Opus Mixtum, alternando hiladas de sillería con otras de Opus Latericium.
El estanque tendría las mismas dimensiones que la fachada y se extiende ante ella. De carácter no sólo agrario, ya que ayudaría a la recogida de aguas, le confiere la conjunto un carácter escenográfico a la Villa, porque reflejaría su fachada en las aguas, aumentando la perspectiva, la visión, multiplicándola.
La Pars Dominica, en su fachada, las diferentes habitaciones se articulan en torno a un corredor, por lo que se trata de una Villa- bloque lineal, pero con características áulicas en fachada y elementos interiores, como las torres que flanquean dicho corredor. Ante el corredor, se encontraría una pequeña explanada, a la que se ha accedido por medio de tres tramos de escalera, como si de un pequeño pedestal se tratara, confiriéndole mayor protagonismo al conjunto. Del pórtico, la arcada, se abre la puerta que lleva hasta el centro del edificio, que sería el distribuidor hacia las diferentes Cubícula, así como la presencia de una escalera que llevaría al segundo piso, y a las zonas de las torres, dentro de una de ellas, se desarrolla una zona absidiada, un Oecus en origen, o salón, cuyas arquerías se han conservado íntegramente, que dividen el espacio en tres naves, transversales, no longitudinales hacia el ábside. Este espacio se acaba convirtiendo en lugar de culto cristiano.
La primera fase de construcción se inicia en el siglo IV, pero se amplía hasta los siglos V y VI. En los siglos VII-VIII, es ocupada por los musulmanes; pero posteriormente se convertirá en base de un asede monástica de la Orden de Santiago. Es en el siglo XIII cuando este espacio absidiado se convierte en iglesia.
Es una Villa que no tiene peristilo, hacia atrás existe una caída que lleva a un arroyo, y las excavaciones han demostrado la no existencia del mismo, por lo que se desarrolla a lo largo, y por tal motivo, a lo largo del eje del palacio también se crea la zona termal. Las termas contaron con dos fases de construcción, una primera, junto con el origen del edifico en sí, que contaría con escasas zonas, un Caldarium, la zona del calentador y poco más. Con posterioridad, se quiso ampliar considerablemente este enclave termal, en el que se proyectó un muro absidiado en herradura, con refuerzos al exterior, pero no llegaron a concluirlas.
Más al fondo, se extiende la Pars Pecuaria, en la que se observa el contraste de los materiales utilizadas en las diferentes zonas. Se ha podido reconocer la funcionalidad de estos edificios, comunicados por pasillos, debido a determinados elementos, como la presencia de molinos (panificadoras), ferrerías, forjas, almazonas (prensas de aceite), o fraguas (esto lleva a recordar, la gran autonomía que poseían estas Villae, que las llevaba a producir dentro de la misma, los elementos de máxima necesidad, lo cual en ningún momento lleva a pensar en que fueran centros autárquicos; el comercio seguía siendo el fin de toda producción).
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Villa de Pisoes
(lámina 11). Aprovechando una vaguada se realiza un pequeño embalse para uso doméstico (termal) y llenar una gran piscina, como la de San Cucufate. Esta piscina constituye el elemento más desmesurado, monumental, que le proporciona a la Villa un carácter áulico. Es diferente de la de San Cucufate, en que aquella estaba formando parte de la fachada, mientras que ésta está en la parte trasera de la casa residencial, pero cumpliendo un papel similar dentro del programa de ordenación escenográfica del espacio y de la arquitectura. No tiene fines agrícolas porque el agua, de la piscina vuelve al río.La entrada, se produce a través de un corredor, en el lado opuesto a la piscina, que conduce a una casa con peristilo. Al lado (g) y (f), está la zona termal, a la entrada a la derecha.
La zona residencial está al fondo, a continuación del corredor, que prolonga hacia el exterior, el vestíbulo de la vivienda, para aumentar la sensación de grandeza. El suelo está recubierto por placas de mármol y mosaicos. Al llegar al vestíbulo, que entronca el corredor con el peristilo, unas escaleras salvan el desnivel entre ambas estancias. El vestíbulo y el peristilo se encuentran recubiertos también con mosaicos, si bien este último no es más que un pequeño patio con un impluvio, que sigue actuando como distribuidor del resto de las dependencias.
Hay pequeñas diferencias de altura, que provocan un escalonamiento de las estancias y crea una especie de entresuelo, con un juego de volúmenes y alturas que se ha realizado aprovechando dicha pendiente.
Las termas son edificios, que siguen programas constructivos muy diversos, cada una adopta una forma a muchas características: posibilidades de agua, diseño, ubicación, medios... En este caso se trata de dos salas absidiadas unidas por otra cuadrada, y una de ellas es una zona caliente, con hipocausta (g), en las que en el suelo existen los habituales mosaicos con temas marinos.
Villa de Materno. (lámina 13). Se encuentra en Carranque, Toledo y se trata de una villa meseteña, en una zona cerealícola. Su estado de conservación es peor, producto de un descubrimiento tardío y unas excavaciones que aún siguen ofreciendo resultados.
La entrada se produce por un extremo, tras superar un corredor enmarcado por dos torres, dos pequeños cuerpos que sobresalen en planta, pero de muy poco desarrollo, que llevan a un vestíbulo, de paredes circulares y suelo revestido con mosaicos, que llevan al peristilo, cuyas principales habitaciones se encuentran siguiendo ambos ejes, el transversal y el longitudinal. Enfrentado a la entrada, un gran triclinio, similar al de Piazza Armerina (lámina 10), precedido por un corredor rematado en estructuras absidiadas, sólo que en este caso, tanto el triclinio, como las habitaciones colindantes, no son rectangulares rematadas en un ábside, sino que son completamente absidiadas o poligonales, centralizadas, pero manteniendo el mismo ambiente por el gusto por las formas curvas. Concretamente, el Triclinio resulta de la intersección de un círculo y un cuadrado. En el eje transversal, a un lado se encuentran habitaciones o Cubicula, con remates absidiados, y al otro, un gran Oecus, con ábside poligonal. Las salas más importantes, cuyos suelos son revestidos por mármoles, suelen permitir conocer a sus habitantes. Se supo, gracias a estos mosaicos, que Materno era un familiar de Teodosio, por tanto un aristócrata terrateniente. Los mosaicos suelen desarrollar los temas que más gustan a estas clases terratenientes: mitológicas de la antigüedad griega, de la Iliada, de los trabajos de Hércules, en los que a veces, los rostros de estos personajes de la mitología, cobran el rostro de los dueños de estas Villae.
Villa Fortunatus. (lámina 15f) Se trata de otro ejemplo de Villa con peristilo, en torno al cual se distribuyen el resto de las dependencias, con mosaicos que hacen referencias al dueño de la villa. Lo que importa, lo novedoso en este caso, es que se puede observar, cómo en determinado momento, en una segunda fase de ocupación de la villa, se sacrifica parte de la villa, para implantar una basílica cristiana. Un descendiente de Fortunatus, cristiano, decide construir una basílica en una zona de la Villa, cuando lo natural hubiera sido hacerlo fuera del perímetro de la primera construcción, peor no, lo hizo dentro. Se trata de una construcción de planta rectangular, con tres naves, cabecera cuadrada al exterior, con las esquinas curvas al interior, que transformó la distribución de toda la Villa. Cambia la entrada de la villa, reformándola y convirtiéndola en una especie de atrio para acceso al templo. Lo curioso de la planta de esta basílica, es la disposición de estas tres naves. Singularidad, que bien se debe a una adaptación a las estructuras preexistentes o al seguimiento de un programa diferente. Combina la tradicional planta basilical de tres naves, con la iglesia de planta de cruz, interrumpiendo las naves laterales. Este sistema, anuncia de alguna manera, la solución que poseerán algunas de las arquitecturas religiosas de época Visigoda (lámina 17).
Ante el altar, se sitúa un ara de un solo pie. Este altar se encuentra sobreelevado con respecto a las naves, pero también con respecto al resto de las estructuras de la Villa, sobre la que se levanta, es decir, se ha producido un relleno intencionado. Acoge esta basílica enterramientos de los propietarios, uno de ellos, frente al ábside, toma las proporciones de un mausoleo, con unas escaleritas que acceden al mismo y que se desarrolla bajo el ábside.
Este es un ejemplo para ver el proceso de adaptación, de introducción de edificios religiosos dentro de la fisionomía de estas Villae.
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